Ya no se que onda con los taxistas estos días en la ciudad.

Desde hace unas semanas me ha tocado mala suerte con ellos y yo hasta la fecha, había sido un defensor de aquellos, porque hey, tiene su mérito estar sentado por mas de 8 horas ‘taxeando por la gran ciudad’*.

No soy conductor, todavía no tengo vehículo, así que este post no será sobre sus formas de conducción, que en ocasiones se pasan de aventados, pero nonono, vayamonos al aspecto ‘groserólogo’ que adoptaron los taxistas conmigo últimamente.

Hasta junio del 2007 me habían tocado taxistas amables o por lo menos tan valedores que pues ni había tanto problema. Me subía, decía a donde iba, pagaba y me dejaban en el lugar exacto donde yo decía, que había de raro ahí? nada. Pero algo pasó: la alineación de los planetas respecto al humor de los taxistas conmigo se volteó completamente, pues ahora me odian. Oh que emokid puedes llegar a sonar REp.

El día que regresé del concierto de las ultrasónicas, tomé un taxi hacia mi casa, de la deportiva a mis tierras de infonavit atasta pues no hay mucha distancia, asi que no me tardé en agarrarlo. Ya iba yo arriba y lo único que me quedaban eran 20 pesotes, asi que procedí a pagarle, esperando mi cambio de 5 o 4 pesos… pues nanais, no me regresó el cambio y me dije a mi mismo:

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