Algo que nunca olvidaré
De mi infancia hay pocas cosas que no podré olvidar. Platicando con el Iron recordé algo simbóico para mi generación:
La guía práctica. Yo se bien que un recuerdo extra ligado a ella es la mochila mata espaldas por la que todos pasamos. Si, es asombroso, hasta la fecha para mi, cuando miro infantes, ver como los pobres, como alguna vez yo también hice, cargan con semejante bulto, como si de un muerto se tratara, que pesa mas que ellos y pues, ahí andan, hasta subiendo escaleras. La mayoría, porque las mochis de rueditas nomas no duran entre los duros y toscos escalones y menos sobre el piso de las orillas de las calles: banquetas rotas y bueno, lo de siempre.
Pero a lo que iba: la guía práctica, para los que no sepan o no les haya tocado por alguna extraña razón, eran unos señores librotes tamaño enciclopedia que pedían para llevar toda la primaria. Venían por colores, los cuales eran materias y pues, obviamente, español, matemáticas, historia, cívica y ética, y las demás que no recuerdo.
Eran grandes, gordas, de papel encerado, el cual es exquisito para contestar con un lápiz y si te confundes, tratar de borrar, porque joer, para empezar el lápiz no raya en esa cosa, ni con un 2b rayas ese papel y segunda, cuando borras, changos, te llevas hasta la pregunta.
No si, las aventuras con las guías prácticas eran chéveres. Las extraño.
Snif.



